Contemplar lo imposible: el ecosistema del libro y sus límites sociales
Nuestro esfuerzo por delimitar los condicionantes sociales del campo editorial cede aquí la palabra a quienes trabajan en su interior, a responsables editoriales a los que pedimos considerar la condición social de quienes intervienen en sus procesos.
Tercera mesa del encuentro Desplazar los límites, jueves 4 de abril de 2019, con Paulo Slachevsky (LOM, Chile), Antoaneta Koleva (Critique and Humanism, Bulgaria) y Kenza Sefrioui (En toutes lettres, Marruecos), modera Carlos García (Libros Corrientes).
Una vez establecido el marco teórico y académico daremos la palabra a quienes trabajan desde dentro. Varias personas intervendrán en representación de diferentes editoriales con el reto de mirar de frente esos límites. Para concretar el análisis, y teniendo siempre en mente nuestro objeto de análisis principal, intentatemos considerar los límites y conflictos entre lo posible y lo deseable dentro del ámbito de acción de cada editorial, la condición de los escritores con quienes trabajan y los procesos concretos de decisión.
Carlos García, editor de Libros Corrientes y moderador de la mesa, anuncia que esta mesa ilustrará las anteriores tesis. Seguro de la honestidad del grupo —el «interés por el desinterés» se presupone— Carlos llama a las personas invitadas a la mesa a hacer autosocioanálisis de sus editoriales: les invita a aclarar su relación con la editorial, en cuanto a su lugar en la cadena de mando, a su capital inicial y su sostenimiento en el tiempo.
Paulo Slachevsky es editor de LOM, Chile, su capital inicial, fue dinero de su padre 10.000 dólares. La editorial la conforma con su mujer. En el inicio invierten en una imprenta y desde ahí van con los beneficios, editando libros que les interesan hasta armar el catálogo que ahora tienen y ya se sostiene en parte así mismo. Para Paulo es evidente la cada vez mayor necesidad de apostar políticamente por el libro no como mercancía sino como instrumento de democratización. Le inquieta que la edición independiente funcione como una moda, del libro «boutique», siendo la brecha entre lectores y no lectores, cada vez más amplia. La democratización que habría de provenir de internet no es tal. De modo que las editoriales políticas deben enfrentar un desafío creciente y su opción ha sido hacerlo más allá de su propio ombligo. En LOM su comité editorial ha reforzado su tarea asociativa y junto a otras editoriales ha intentado afectar las políticas públicas del libro. También han procurado para salir del lector de izquierdas, trabajar con el lenguaje, desbordar el circuito librero, idear colecciones con libros «del valor de un cigarro», poner en valor las prácticas populares mismas –cultura no entendida como acceso sino como pertenencia–, e idear formas de lectura colectiva, desbordando la individualización de la lectura. Paulo concluye advirtiendo que el peso del prestigio es tal en lo cultural que todo el tiempo hay que estar evitando encerrarse en ese capital simbólico. Y concluye leyendo una cita de Los cuadernos de la cárcel de Gramsci.
Antoaneta Koleva, de Critique and Humanism, Bulgaria, relata cómo los primeros pasos de sus editorial fueron los de una ONG formada por profesorado y estudiantes de humanidades, para la que ella trabaja de lectora de manuscritos mientras era estudiante. Finalmente la acaba dirigiendo. Su principal propósito es la traducción al búlgaro de autores europeos, pensadores. Tarea profundamente compleja dado que es un país pequeño que trabaja para un público potencial de 1000 personas. Su estrategia ha sido apoyo familiar, lograr la solidaridad de profesorado e intelectuales, de las instituciones culturales privadas y públicas y lograr involucrar a sus potenciales lectores —jóvenes estudiantes de ciencias humanas— implicándolos en la producción y la distribución. Hacen videos con el alumnado para dar a conocer los títulos. Crearon con nueve editoriales búlgaras para trabajar en red un ONG, pero finalmente esa asociación fracaso.
Kenza Sefrioui, editora de En toutes lettres, Marruecos, para situar en su contexto, genera un personaje de una niña rural para preguntarse en qué medida esa niña podría convertirse en escritora. Lo más probable es que no pueda ir a la escuela. 260.000 niñas abandonan la escuela cada año en Marruecos. Muchas jóvenes no tienen ni trabajo, ni formación, ni educación. Para que esa escritora pueda escribir dependerá también de qué lengua hable y escriba porque escrito es el árabe y el francés, en la lengua no escrita, el amasij. Solo de 100 doctorandos que hacen la tesis, dos escriben un libro en las ciencias humanas. El contexto es muy hostil: la escuela pública es catastrófica, ha habido mucha represión, el cierre del instituto de sociología, la arabización entendida como expulsión de la ilustración, la asfixia de la universidad, una ausencia de políticas públicas, de bibliotecas (hay 16 bibliotecas en todo el país) y la asfixia para la libertad de prensa. Ella y su marido eran periodistas sometidos a la censura, intentaron ser contratados en algún medio de comunicación, pero su marido fue puesto en una lista negra. Finalmente decidieron crear una casa editorial: valorando que el libro permite una influencia más a largo plazo que el periodismo… El capital lo consiguieron con su trabajo.

