Cultura: propietarios, productores, consumidores
Primera sesión del encuentro Desplazar los límites. 4 de abril de 2019. Madrid. Las más de las veces «cultura» se convierte en uno de esos «significantes vacíos» tan a la moda y útiles para quienes articulan desde el poder. Una nueva y útil «religión de estado» en opinión de algunos. Durante este encuentro nos planteamos desplegar un análisis sociológico sobre quién participa activamente en ese campo o terreno.
Blanca Calvo (bibliotecaria), Santiago Eraso (gestor cultural) y Müge Sokmen (Metis Publishers, Turquía), con la moderación de Constantino Bértolo (crítico y editor) intentar atar el corto el concepto de cultura.
Atarlo lo suficiente para evitar tanto la creación de un universo aparte como el recurso a un término válido para el todo y para la nada. Esa cosa «la cultura», ¿quién la produce? ¿Qué sentido tiene abordarla en relación a nociones de propiedad, producción o clase? Blanca Calvo y Santiago Eraso, dos de los agentes culturales con mayor trayectoria y reconocimiento de nuestro entorno, conversarán sobre ello con Müge Sokmen, editora turca de referencia, bajo la moderación de Constantino Bértolo.
Constantino Bértolo, da comienzo a las jornadas leyendo un relato que de niño le marcó, El diccionario, que narra la historia de un muchacho obediente, ejemplar, y pobre al que cuando su padre le ofrece comprarle unos zapatos, contrargumenta que prefiere que le compre por el mismo dinero unos zuecos y un diccionario de la lengua española. Su maestro se lo ha aconsejado y el diccionario asegura el muchacho a su padre «contiene la significación de todas las palabras». Finalmente de obrero instruido el muchacho pasa felizmente a capataz.
Constantino, editor jubilado que reconocer ganar 2000 euros en la actualidad, a propósito de convertir los libros en vehículos para abrir el «campo literario», objeta que los libros han facilitado el ascenso, la medra social. Y lanza dos preguntas a la mesa: ¿siguen siendo los libros pieza fundamental en el acceso a la cultura hoy? ¿Y el acceso a la cultura garantiza aún un desplazamiento social? [Artículo relacionado]
Blanca Calvo comienza leyendo un texto de García Lorca, Medio pan y un libro. Blanca responde a Constantino que, en efecto, el libro teniendo una inmensa potencia, las estadísticas señala ella, suben, se lee más que nunca, añade. Habla también de cómo en la Segunda República se confío en los libros como instancia de progreso social. Recuerda por último a Ramona Domínguez Sanjurjo, que escribió un decálogo para la función social de la biblioteca. Y ha habilitado un grupo de gestión participativa de las bibliotecas públicas.
Santiago Eraso como gestor cultural reflexiona sobre cómo escapar a las lógicas de apropiación. Se pregunta sobre la capacidad de la cultura de ir más allá del gesto estético y afectar a la burocracia y la estructura socioeconómica. ¿Cómo se puede desde la gestión cultural evitar una práctica de la cultura neoliberal que la sitúa como valor de cambio y no como valor de uso? La distinción de Bourdieu, el realismo capitalista de Mark Fisher y la hegemonía de Gramsci le sirven para inscribir en nuestro encuentro el desafío —que no podemos obviar— de que la cultura tiende a validar el consenso social más normativizador.
Müge Sokmen, editora turca expone los cambios en la edición desde el siglo XX al XXI que su misma editorial ha vivido. El paso de editoriales independientes, políticas y artesanales a ser comprados por grandes grupos a quienes interesa situar el libro como un objeto de ganancia, un negocio. A eso se suma que las editoriales ceden espacio de confrontación en el espacio público y se conforman con producir para su nicho de mercado. El desafío que Muge plantea es que el libro político encuentre lenguajes para dirigirse no a su público. Para no caer en la propaganda. Por otro lado, concluye, dado que es un instrumento para legitimar el uso de la palabra, debe autorizar las voces más vulnerables.

