Contener el determinismo: momentos y experiencias en los que las barreras se rompen

Contemplar y considerar los sesgos sociales presentes en un campo no implica en absoluto considerarlos un marco férreo sin vulneración posible. Esta mesa pretende relativizar ese determinismo, o completarlo cuando menos, considerando momentos en que esos sesgos parecen borrarse del escenario.

Segunda mesa del segundo día de las jornadas Desplazar los límites, con Alejandro Civantos (historiador de la edición) y ­César de Vicente (crítico y editor), modera Ruth Díaz (periodista). De todo este encuentro se desprende sin duda una forma de mirar atenta a los determinismos social, pero somos también conscientes de que la fertilidad de lo humano no puede constreñirse solo a eso. Son numerosos los contraejemplos que ofrecer a la consideración general, y con esta mesa queremos hacerles hueco y mirar qué, de sus procesos, puede ilustrarnos sobre las condiciones y el contexto en el que otras realidades pueden llegar a cobrar cuerpo.

Alejandro Civantos, se presenta como profesor de literatura, autor del libro  Leer en rojo: auge y caída del libro obrero (1917-1931) agradece haber organizado el encuentro para abordar un tema tan tabú. Su tesis es que es posible construir un modelo alternativo al dominante, su estudio de la edición libertaria entre el 1917 y 1931 lo demuestra. Fueron posibles nuevos formatos, temáticas, «intelectuales», nuevas formas de gestión, que supusieron una auténtica revolución cultural unida a la popularización de la lectura derivada de encontrar en los libros obras en las que las clases populares podían reconocerse. Ahora bien el movimiento fue perseguido y la izquierda oficial no hizo nada por él.

­César de Vicente plantea una tesis provocadora para el encuentro. Las clases populares no necesitan representarse. Cuando lo han hecho, han violentado el campo literario que es burgués y lo han hecho: bien porque se han querido constituir en sujetos de la historia, o han entrado en la política representativa, o han sido juzgados y analizados clínicamente y han tenido la necesidad de generar contra–relato. El campo literario es burgués, y entrar en él implica cambiar las relaciones de poder y las reglas del juego.

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